Exposición en Galería Full Art, "gramar, trames". Pintura

invierno 2003

Líneas, formas, colores y su completa ordenación simultánea; sólo y todo esto constituye el lenguaje de la pintura. La tradición encumbra determinadas formulaciones y las propone como modelos para entender el mundo con todos sus matices y detalles, pero son modelos establecidos en una época y lugar determinados.
Como lenguaje vivo, la pintura como disciplina y creación aspira a reformular sus componentes esenciales para seguir siendo determinante en el contexto en que se produce.
David López Panea, el artista que expone en la sevillana Galería Full Art, con algunas exposiciones individuales en los últimos años, caso de la del Colegio de Aparejadores y la de la Galería Vírgenes, es uno de los jóvenes que afila sus armas para intentar, al menos, tomar el relevo generacional dentro de la escena sevillana, donde parece que los últimos cursos impartidos por el también pintor Juan F. Lacomba están sirviendo de auténtico semillero de nuevos artistas.
En esta exposición suya, David López Panea abandona su interés por los interiores verticales, un tanto existencialistas y escenográficos, donde incluso tenían cabida aspectos narrativos o dramáticos, por una investigación sobre las formas primordiales y su encaje en el espacio pictórico.
Su elección de la pintura es también el acto de pintar, en el que elige y decanta unas formas simples que buscan su ratificación simbólica en el espacio del cuadro, articulando de este modo mensajes de energía para acercarse y actualizar los arquetipos esenciales que conforman el imaginario profundo del hombre.
Pintar en la actualidad sigue siendo también observar, captar las señales y signos que la naturaleza emite y derramarlos con precisión en el cuadro. David López Panea, el artista que nos ocupa, está en camino.

José Yñiguez, crítico de arte



La exposición individual de David López Panea "Gramar trames" con la que full art inaugura el 2003 estará compuesta por los trabajos pictóricos del artista sevillano realizados en el 2002. Son una veintena de obras en distintos formatos y diversas técnicas sobre algodón. El título de la exposición hace referencia al propósito del artista de implicar en la obra una serie de signos creados con la intención de ser eternos y universales. Para este cometido el lenguaje pictórico se presta mejor que ningún otro por su inmediatez y por que no necesita apenas ningún sustrato cultural para entablar el diálogo. Cualquiera podrá indagar sobre las preguntas que lanzan al aire estas pinturas.
El arte está en sacarle el máximo partido a los elementos con que se trabaja. El poeta exacerbará las palabras con tal de hacerlas sonar y las dotará de un significado que irá más allá de su presencia. El pintor derramará color y hará surgir la forma hasta que retumben en el interiror del alma y las ensalzará con una carga simbólica de tal magnitud que sirvan para conmover al prójimo, hacerlo vulnerable y apresarlo en el juego dialéctico que se plantee. Todo, en el ser humano, es comunicación.
La pintura es para David una huida de lo anecdótico y una inspiración en la desnudez de la consciencia, incluso un ahondamiento en el vertiginoso y desbocado mundo del subsconsciente. Esa absoluta desnudez que se siente cuando no controlas tu propio pensamiento, esa morbidez que implican sus formas, esa visión fragmentaria que provocan sus cuadros, son todos elementos que hablan de verdad; verdad por ser un sentimiento innato aunque luego se traduzca en precisión y orden a la hora de plasmarlo; verdad, aunque parezca este término difícil de aplicar a los lenguajes que no se basan en figurar de la realidad. Pero, ¿acaso la realidad interior no puede estar dentro del terreno de la verdad?.
David encuentra muy acertado el término con el que lo definieron con anterioridad al calificarlo como "pintor de interiores". Y es que él es hoy, (una vez superada esa etapa en la que trabajaba espacios cerrados, figuras y sillas), un pintor de interiores existenciales. En sus obras los signos requieren tanto del ojo errante del ser humano actual como del imposible ojo del pasado y del mirar imprevisible del futuro, una actitud honesta y dispuesta a intercambiar signos, conceptos y sensaciones con la materia inerte y bidimensional del cuadro. Esa mirada posada con libertad en su pintura sentirá sin duda la embriagüez y la locura que siempre conlleva el pintar. Así, se empieza a elevar en el interior intimo del espactador receptivo, un paisaje que es mitad del artista mitad del voyeur que se deje varios instantes de su existencia en la contemplación de una de sus obras. Ese paisaje en el que los signos aparentemente primitivos se engrandecen con una buena dosis de información, y con una incómoda ambición de espacio delante y detrás, dentro y fuera de su propio marco, ajneos o propios a sí mismos, relacionados o desquiciados con respecto al resto de los elementos que confluyen en ese mundo que como el propio artista dice "se alimentan de la visión que es el sostén de la pintura".
Invitamos a su mirada a deleitarse en un diálogo que dará por terminado el trabajo de este gran artista.

Julio Criado, galerista y crítico de arte

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