La
regla inefable
La
regla inefable es una llamada al orden a través de la
pintura de paisaje.
"El pagus, el locus, el loculus, ese humanismo de la localidad
(J. Claire)" se opone a la utopía totalitaria de
lo global, se opone al terror de lo universal, crea lazos entre
el "país", en el sentido exacto del término,
y su paisaje. Con la pintura de paisaje se recupera la memoria
artística, histórica y social y se reconocen los
fundamentos de una sensibilidad propia, local. La fidelidad
a lo que se tiene cerca nos brinda la posibilidad de escapar
a una mundialización ciega. Corremos el riesgo de olvidar
cómo es el otro si ya no se conoce cómo es uno.
La regla inefable critica sistemas positivistas y evolucionistas
parciales que plantean una historia secuencial y evolutiva que
utiliza el concepto de vanguardia (entendida como un progreso
optimista en el que un descubrimiento anula o mejora al anterior)
de manera sospechosa y peligrosamente útil. La tradición
y "lo local" quedan fuera de un discurso ilustrado,
endogámico, cerrado y excluyente.
Asimismo la regla inefable desconfía de la expresión
indómita de artistas que encierran un "yo"
enorme que producen una obra que sólo ellos pueden comprender.
Hay que ir con cautela. Sólo el que conoce el "tú"
o manifiesta intención de entrar en ese conocimiento
merece confianza, tiene credibilidad, porque es capaz de tomar
decisiones, es libre.
***
Está
oliendo a pintura.
Pintar requiere un esfuerzo y una serie de compromisos fuertes,
grandes, con la pieza, que no todo el mundo está dispuesto
a asumir. El lenguaje obliga.
Hay temas en la pintura que son tradición y que plantean
un enfrentamiento directo, cercano, íntimo, entre el
artista y el objeto que representan. El paisaje (Hombre-Naturaleza,
artista-paisaje) es el más poderoso y esencial, el mas
árido; sólo podemos hablar de lo que conocemos,
la naturaleza es la totalidad, la pieza es el objeto.
Mi exposición es de pintura. No hay tema. Las piezas
no tienen título porque no desarrollan ningún
discurso, no son dependientes de ellas entre sí, no recrean
nada, son representación, son superficie y en todo esto
hay una premeditación. La exposición es ejemplo
incuestionable e incómodo. No va a dejar indiferente
al espectador.
Mi pintura va a susurrar a oídos de adeptos, de curiosos
y de los que no quieren oír. El que se exponga a ella
sanará. Mi pintura es un rumor, no usa de la palabra
y no es testimonio de nada. Es unidad y continencia, plenitud
y posee un lenguaje autónomo. No hay gratuidad en mi
forma de hacer. Mi pintura está llena de certeza y dignidad.
Dejar rastros, no dar pistas. Quien quiera saber que se acerque.
No hay nada que aclarar. Quien quiera que se acerque a ser contemplado
por mis obras que tienen oyos, que miran, que hacen vulnerable
al espectador. Sólo dejaros penetrar.
David López Panea
Marzo 2004